
Mary Bell. Tenía un rostro de ángel y su apariencia, algo descarada y orgullosa, le daba sin duda más edad de la que en realidad tenía, cuando con solo once años fue inculpada y encarcelada por matar a dos niños. Es algo que nos cuesta ya no solo creer, sino entender.
Actos como estos nos hacen pensar en si realmente existe la maldad humana o si tal vez fue su educación y el ambiente en el que pasó sus primeros años de vida quienes moldearon tan perversamente su voluntad. El mundo de la criminología está habitado también lo creamos o no por el nombre de varios niños asesinos. Criaturas capaces de alzar un arma y, con toda la intención, quitar la vida a otras personas por simple curiosidad, o incluso rabia.
Conozcamos pues el caso de la niña Mary Bell.
Mary Bell, una infancia complicada y un desenlace fatal
La infancia de Mary Bell estuvo cincelada por el clásico caso de una familia desestructurada. Por una madre que se ganaba la vida como prostituta en el Glasgow de principios de los años 60. Se sabe que el nacimiento de su niña no fue bien recibido por ella y que en más de una ocasión intentó deshacerse de Mary. Es más, se llegó a decir que siendo todavía muy pequeña intentó matarla haciendo creer que era un accidente. Aunque no le salio bien. Desconocemos si esto fue verdad o no, eran las declaraciones de terceras personas, en una época en la que como intuimos, los servicios sociales no estaban muy pendientes de esta familia.
Se desconoce quién fue el padre de Mary Bell, pero la propia niña estaba convencida de que era Billy Bell, un criminal local famoso por realizar robos a mano armada. Pero nunca se llegaron a hacer pruebas biológicas para determinar si verdaderamente este hombre era el padre de Mary. Lo que sí sabemos es que esta niña sufrió desde muy temprano abusos sexuales.
Con solo cuatro años, según ella misma relató en el juicio, su madre la incluía en esos encuentros privados con sus clientes. Algo que, sin duda, fue hiriéndola por dentro y por fuera, causando ya desde el inicio una falta de equilibrio, dibujándole un mundo donde no existían límites morales, ni respeto, ni valor por las personas y su integridad.
Fue el 25 de mayo de 1968 cuando Mary afiló definitivamente los hilos de su gestada malignidad al estrangular a un niño de cuatro años, Martin Brown. Lo hizo justo el día antes de su cumpleaños, dejándolo después abandonado en un campo y cubierto por la maleza. Pero su curiosidad o sus ansias, no se vieron satisfechas con esta primera muerte. En absoluto. Porque dos meses después, lo volvió a hacer.

Y esta vez se acompañó por una amiga, una niña de 13 años llamada Norma Bell (no era ningún familiar, la coincidencia de su apellido es casual). ¿Y qué hicieron estas dos jóvenes muchachas? Cogieron a un niño de tres años llamado Brian Howe y lo estrangularon. Según los informes policiales, la propia Mary volvió horas después hasta donde habían dejado el cuerpo del pequeño para inscribir una “M” con una navaja en el cuerpo del niño. En su estómago. Después, con unas tijeras le cortó el cabello y sus genitales. Terrible.
Mary Bell, de once años de edad fue juzgada y sentenciada. Se concluyó que padecía una psicopatía, y puesto que era demasiado joven para ser llevada a prisión, se juzgó la necesidad de llevarla a una institución psiquiátrica. Era una persona peligrosa y como tal, la sentencia se firmó como “at Her Majesty’s Pleasure”, es decir, prisión indefinida. Ocurrió lo mismo con su amiga Norma Bell.
Nuestra niña asesina estuvo institucionalizada hasta 1980, garantizándole siempre el total anonimato, en especial cuando en 1984, fue madre por primera vez. Pero finalmente los periodistas dieron con ella y todo salió a la luz de nuevo, incluso su propia hija no tardó en conocer el verdadero pasado de su madre…

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