En el estrecho de Hecla, un lugar remoto del ártico situado a unos 120 kilómetro al noroeste de la aldea de Igloolik, hay algo que perturba la paz de este paraje natural de hielo. El culpable es un sonido constante, a veces también descrito como un zumbido o un bip, que parece provenir de las profundidades del Océano y que está haciendo desaparecer la fauna marina del lugar.
Nadie sabe cómo llegó ese zumbido, ni qué lo causa.
La zona es una polynya, un área de mar abierto rodeada por hielo en cuyas aguas viven gran cantidad de mamíferos marinos. O vivían. Porque, como denuncian los cazadores de las comunidades Nunavut establecidas ahí, el zumbido está provocando que ya no queden ballenas, focas y el resto de animales que solían habitar sus aguas.
La preocupación de la población es tal que la Oficina del Primer Ministro de Nunavut ha pedido al Departamento de Defensa Nacional canadiense que investigue el origen del desagradable sonido.
"El Departamento de Defensa Nacional ha sido informado de los ruidos extraños que emanan de la zona del estrecho de Hecla y las Fuerzas Armadas canadienses están tomando las medidas apropiadas para investigar activamente la situación", explicó a Motherboard el portavoz de DND Evan Koronewski.
Más allá de las preocupaciones de gobierno y población, las teorías sobre el origen del zumbido no han dejado de surgir desde que se escuchó por primera vez.
Una de ellas culpa directamente a Baffinland Iron Mines Corporation, una compañía minera que había realizado previamente estudios con sónar en una zona cercana al foco del zumbido. Sin embargo, la compañía declaró a CBC News que no estaba llevando a cabo ningún estudio en la zona y que no cuenta con equipamiento instalado por allí.
El zumbido está provocando que ya no queden ballenas, focas y el resto de animales que solían habitar las aguas de este territorio del Ártico
Otros señalan como culpable de la situación a la organización ecologista Greenpeace. Se sospecha que los ecologistas están generando este sonido a propósito para asustar a la fauna lejos de la zona rica de caza. La organización tuvo hace tiempo un conflicto con la comunidad inuit debido a su oposición a la caza de focas en los 80.
En algunas ocasiones se ha dicho que Greenpeace llegó a colocar en otros lugares varios radares que servían para ahuyentar a los animales. Sin embargo, estos rumores nunca han sido fundamentados. Esta vez la organización lo ha negado todo. "No solo no haríamos nada que pudiera dañar la vida marina, si no que además respetamos el derecho del pueblo Inuit a cazar y no queremos impactar en eso de ninguna manera”, explicó Farrah Kahn, portavoz de la organización ecologista.
Mientras se aclara el misterio, este remoto lugar del Ártico cada vez más vacío, seguirá despertándose y acostándose al ritmo que marcan los bip bip de las profundidades del mar.
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